jueves, 15 de marzo de 2018

LOS SIETE CUERVOS




En los tiempos de maricastaña, cuando no existían las lavadoras automáticas, había un leñador y una lavandera que tenían siete hijos y una hija. La hija, que tenía siete años y era la menor, siempre iba al bosque con su padre en verano y, mientras él cortaba leña para vender, ella recogía margaritas para su madre; por eso todos la llamaban margarita.
Un mal día, el leñador se despeñó por un barranco y se murió. A partir de entonces, su mujer tenía que trabajar el doble lavando la ropa de los ricos en el río. Sin embargo, por más que trabajase, algunas veces no podía comprar ni comida.
Aquel mismo año, una tarde de octubre, cuando los niños llevaban tres días sin haber comido más que una patata, al volver de la escuela, empezaron a pedir a gritos.
-¡danos pan, madre! ¡danos pan! ¡danos pan!
Y tanto y tanto gritaron que la pobre mujer, desesperada, exclamó:
-¡parecéis cuervos hambrientos! ¡ojalá os volvierais cuervos!
Y en aquel instante, los siete niños se convirtieron en cuervos y echaron a volar. La desdichada mujer, al ver semejante desgracia, se puso enferma de pena y, al poco tiempo murió.


Margarita se quedó sola y muy triste; todos los días, después de la escuela, iba al pie de un chopo solitario que había junto al río a ver a una bandada de cuervos, que se posaba siempre allí al caer la tarde. Pero los cuervos no podían hablar con ella y, al cabo de un rato, la niña se iba a casa llorando.
Así pasaron siete años hasta que, una dorada tarde de otoño, estaba margarita llorando al pie del chopo, cuando, de repente, se presentó un duende delgaducho de orejas puntiagudas y pelo blanco y alborotado que no paraba de dar saltos y volteretas.
-¡ay que susto! -exclamó ella-. ¿quién eres?
-eso no importa ahora, margarita -contestó el duende con una cabriola-. Sé por qué vienes aquí desde hace siete años y te pones a llorar. Ya has llorado un año por cada hermano que perdiste, así que ahora puedo decirte lo que tienes que hacer para que recuperen su forma humana.
-¿de verdad? -preguntó margarita con entusiasmo-. Dímelo enseguida, por favor, que les echo mucho de menos.


LA CASITA DE CHOCOLATE: HANSEL Y GRETEL




Cerca de un bosque vivía un leñador con su mujer y los dos hijos de él. El niño se llamaba hansel y la niña, gretel. Eran tan pobres, tan pobres que no tenían ni pan duro que llevarse a la boca.
Una noche, dijo el leñador a su mujer:
-¿qué va a ser de nosotros? Los tiempos son cada vez más difíciles y no tenemos qué comer.
-yo tengo una idea- contestó la madrastra-.
Mañana, cuando vayamos a trabajar al bosque, abandonaremos a los niños allí y así podremos salvarnos nosotros de una muerte segura.
-¡jamas haría eso! ¡cómo se nota que tú no eres su madre! -exclamó el pobre leñador.
-pues si no lo hacemos, vete preparando cuatro ataúdes. Todos moriremos de hambre.
Tanto insistió la mujer que acabó convenciendo al pobre leñador.



Los niños, que no podían dormir porque tenían el estómago vacío, oyeron la conversación.
-¡hansel, estamos perdidos! -exclamo la niña.
-no llores, gretel; yo sé lo que hay que hacer.
El niño se levantó de la cama y salió de casa. A la luz de la luna, las piedrecitas del suelo brillaban como la plata. Hansel se llenó los bolsillos y regresó junto a su hermana.
-gretel, no tengas miedo. Ya verás como estas piedrecitas nos salvarán la vida.
En cuanto amaneció, la mujer despertó a los dos niños:
-¡arriba, chicos! ¡ya ha salido el sol y tenemos que ir al bosque a recoger leña!
Después de vestirse y lavarse, los niños fueron a la cocina. La madrastra les dio dos buenos pedazos de pan y les dijo:
-guardadlo bien y no lo comáis de un golpe. Es la única comida que tenéis para todo el día.
Hansel, que tenía los  bolsillos llenos de piedras, dio a su hermana el trozo de pan para que se lo guardara. Después, los cuatro se fueron al bosque.


LA CENICIENTA




Hubo una vez, hace mucho, mucho tiempo una joven muy bella, tan bella que no hay palabras para describirla. Se llamaba Cenicienta.
Cenicienta era pobre, no tenía padres y vivía con su madrastra, una mujer viuda muy cascarrabias que siempre estaba enfadada y dando ordenes gritos a todo el mundo.
Con la madrastra también vivían su dos hijas, que eran muy feas e insoportables.Cenicienta era la que hacía los trabajos más duros de la casa, como por ejemplo limpiar la chimenea cada día, por lo que sus vestidos siempre estaban sucios o manchados de ceniza, por eso las personas del lugar la llamaban cenicienta. Cenicienta apenas tenia amigos, solo a dos ratoncitos muy simpáticos que vivían en un agujero de la casa. 




Un buen día, sucedió algo inesperado; el Rey de aquel lugar hizo saber a todos los habitantes de la región que invitaba a todas las chicas jóvenes a un gran baile que se celebraba en el palacio real.                                        
El motivo del baile era encontrar una esposa para el hijo del rey; el príncipe! para casarse con ella y convertirla en princesa.La noticia llego a los oídos de cenicienta y se puso muy contenta.

Por unos instantes soñó con que sería ella, la futura mujer del príncipe. La princesa!Pero, por desgracia, las cosas no serían tan fáciles para nuestra amiga cenicienta. La madrastra de cenicienta le dijo en un tono malvado y cruel: - Tú Cenicienta, no irás al baile del príncipe, porque te quedarás aquí en casa fregando el suelo, limpiando el carbón y ceniza de la chimenea y preparando la cena para cuando nosotras volvamos.